Canto a la paz Apuesta por el encuentro deliberativo intersubjetividad no menoscabada que la paz no es ausencia de conflicto sino respeto por el/lo otro

María Gabriela Mata Carnevali* 

En tiempos de guerra, el lenguaje no es inocente. Y en las Relaciones Internacionales, mucho menos. Las palabras que el mundo elige para contar un conflicto, para nombrar al otro, para definir una amenaza o legitimar un bombardeo, son armas sutiles, pero no menos peligrosas que los misiles. Por eso, hablar hoy de comunicación para la paz en el marco de los análisis internacionales no es una licencia retórica, sino una necesidad urgente en el sentido que promueve el empoderamiento ciudadano.  

Los discursos diplomáticos, las narrativas mediáticas y la propaganda oficial de los Estados no solo acompañan las decisiones en política exterior: las moldean, las justifican y muchas veces las provocan. Basta observar cómo ha sido contada la guerra entre Rusia y Ucrania desde sus distintos polos de poder, o cómo se relata el conflicto entre Israel,  Gaza  e Irán, para advertir que la razón de Estado se impone sobre la verdad.  Y la muerte y la destrucción terminan siendo “daños colaterales” o un “mal necesario”.

Los medios de comunicación de lado y lado, lejos de cumplir un rol mediador con vistas a transformar la violencia por vias pacíficas” (Nos Aldás, Seguí & Rivas, 2008), terminan alimentando un relato unilateral, amplificando la deshumanización del adversario, negando el contexto histórico o silenciando selectivamente a las víctimas, según convenga al guión trazado. Y así, las guerras se ganan o se pierden primero en los titulares, en las etiquetas, en los adjetivos que se repiten como verdades inobjetables hasta el cansancio.

Si bien existen periodistas comprometidos con una visión crítica, ética y transformadora del ejercicio comunicacional, la mayoría se forma dentro de modelos que priorizan el espectáculo, la inmediatez, la polarización y el sensacionalismo. De allí la importancia de estudios inter y transdisciplinarios  que consideren el paradigma linguistico en las diversas ciencias sociales, incluida la disciplina de las relaciones Internacionales. Es posible y deseable mirar el mundo más allá de los intereses y valores de los Estados y entrar en el debate de como el lenguaje media la construcción social de sentidos a nivel internacional, entre otras cosas, porque incrementa la capacidad de discernimiento de los pueblos en su lectura de las distintas politicas exteriores, lo cual indirectamente incide, o deberia incidir,  en su acción ciudadana. 

El Análisis Crítico del Discurso (ACD) constituye una opción teórico-metodológica

Valiosa que ayuda a leer entre líneas las declaraciones diplomáticas, los comunicados oficiales y hasta la prensa extranjera.  No preguntarse por el lenguaje es como comprar un producto por la propaganda. ¡Y hoy, casi todo es propaganda!

Necesitamos profesionales que promuevan activamente el reconocimiento mutuo, el diálogo intercultural, el derecho a la diferencia y la crítica a las lógicas de poder que disfrazan la dominación de estabilidad y el genocidio de paz.

La paz no se conquista, no se impone, se construye. Es una  siembra constante, abonada  por la verdad, la memoria y la voluntad de convivir sin aniquilar al otro. Y empieza por la manera en que hablamos de ella. Igual pasa con la guerra. Lamentablemente, basta una mirada a los medios en estos días para darse cuenta de que lo que  estamos sembrando es  guerra. Y no una guerra cualquiera. Una guerra de civilizaciones que amenaza nada menos que nuestra humanidad. 

@mariagabPa2024