William Santana
Dentro de los cambios que se están produciendo dentro del sistema internacional, en un proceso que nos dirige hacia un “nuevo orden”, con lo hemos tratado en artículos anteriores, se destaca, con cada vez mayor preocupación, la instauración de una lógica de depredación acentuada de algunos actores internacionales que de manera impune la ejecutan.
Dicha lógica consiste en una dinámica donde potencias hegemónicas y actores tecno feudales priorizan la extracción de recursos y la subordinación de aliados y rivales por igual, superando la cooperación tradicional. Se caracteriza por el uso de aranceles, coerción financiera, y el desprecio por normas multilaterales para imponer intereses propios. Ha sido descrita por autores como Giuliano Da Empoli en «La hora de los depredadores» y Yanis Varoufakis en «Tecnofeudalismo», sugiriendo que los depredadores no son anomalías, sino productos del funcionamiento disruptivo del sistema actual.
Las características principales de la lógica depredadora son aplicadas a aliados y rivales como presas, la aplicación de la coerción económica y tecnológica, el desmantelamiento de normas e instituciones internacionales y el predominio de los señores de la tecnología que pueden acumular poder por encima de muchos Estados
Entre los principales actores que aplican esta dinámica esta, por supuesto los Estados Unidos, con una doctrina transaccional fundamentada en el America First a través de un bilateralismo coercitivo, la extracción estratégica sobre recursos minerales o beneficios comerciales exclusivos a cambio de apoyo militar y la aplicación de sanciones económicas masivas como herramienta de «guerra». Le sigue Rusia, basada en el revanchismo imperial, buscando expansión territorial y desmantelando el orden internacional existente en Europa. Igualmente, China, que de manera progresiva ha venido sustituyendo el soft power por una acción que la identifica como depredador económico y comercial, usando la deuda y el control de infraestructuras en países en desarrollo para ganar influencia política (fidelidad) y acceso a recursos estratégicos.
De la misma manera, no solo busca competir, sino suplantar las reglas actuales con un sistema que favorezca su visión sobre temas como la gobernabilidad y los derechos humanos.
Existen también potencias de segundo orden que aplican lógicas similares para expandir su influencia local, como Irán, por su uso de proxies para desestabilizar rivales en el Medio Oriente e Israel debido a la ocupación de territorios y la gestión militar de la seguridad regional.
Caso Venezuela:
Nuestro país es un claro ejemplo de víctima de esta lógica por la evidente disputa geopolítica de grandes potencias, y por la posesión de las mayores reservas de petróleo del mundo. El país se vuelve un objetivo crítico para el control energético global y los intereses de la hegemonía regional.
En efecto, después del 03 de enero, hemos transitado de una especie de tutelaje chino, ruso e iraní, hacia uno más duro y abierto por parte de los EEUU, aunque se considere menos nocivo. En ambos casos, además de la enorme pérdida en materia del control de nuestros recursos, también se manifiesta en la ausencia del control efectivo del Estado sobre su territorio y por ende el ejercicio de la soberanía.
Una nueva gestión gubernamental, producto de elecciones libres y transparentes sería la única solución a corto plazo para revertir estas anomalías. Afortunadamente, tenemos un liderazgo reconocido que puede capitalizar las aspiraciones del pueblo venezolano.
